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El internet de las cosas, ¿Las nuevas redes sociales?

Por Francisco Castillo, Director Telcos & Media para Redes& Telecom.

El fenómeno social actual en Internet supone la revolución de la información más importante desde la invención de la imprenta por Guttenberg. Su ubicuidad está transformando los modelos de negocio y los estilos de vida de millones de personas.

Por otro lado, las redes sociales corporativas han abierto espacios para la colaboración donde en poco tiempo se ha pasado del voyerismo a la especialización de contenidos. Hoy día hay 1.000 millones de usuarios de Internet y 4.000 millones de personas con teléfono móvil, suficiente masa crítica para afrontar la siguiente fase, “el internet de las cosas”.  La tecnología  permite ya la integración de sensores y dispositivos en objetos cotidianos que quedan conectados a Internet a través de redes fijas e inalámbricas. Años de innovación y desarrollo, han dado como resultado tener dispositivos que por su tamaño y coste, facilitan la integración de sensores en hogares, entornos de trabajo y lugares públicos, es decir cualquier objeto es susceptible de ser conectado,  hacerse presente en la Red, ser por sí mismo una fuente de datos y comunicarse con otras cosas: coches, electrodomésticos, cámaras, etc., es decir, cada vez las personas y objetos estamos más interconectados y podremos interactuar de forma radicalmente distinta  en entornos “inteligentes” capaces de analizar, diagnosticar y ejecutar funciones, lo que sin duda transformará a su vez la forma de hacer negocios, la organización del sector público y la vida en las ciudades.

Un mundo repleto de información nueva a nuestro alcance. Ante esta cantidad creciente de información, no es de extrañar que empresas y emprendedores se encuentren en una carrera por innovar en términos de almacenamiento, velocidad, acceso y métodos de análisis de datos. Al igual que en la economía agrícola los factores productivos eran la tierra y la mano de obra, y el capital y los trabajadores lo fueron en la industrial, la información se ha convertido en el factor productivo del siglo XXI.

Existe todo un filón en el desarrollo de software capaz de recopilar, almacenar, organizar e integrar la información con otras fuentes de datos o que emita alertas en otros programas o para los seres humanos. Gracias al IoT, los objetos en sí, provistos de sensores y actuadores, se convierten en elementos de los sistemas de información, capaces de capturar y comunicar datos a gran escala y, en algunos casos, pueden adaptarse automáticamente a los cambios en el entorno. Estos activos “inteligentes” pueden hacer más eficientes los procesos y proporcionar nuevas capacidades a los productos. «Sólo con el software adecuado será posible que el Internet de las Cosas cobre vida como se imagina, como parte integrante del Internet del Futuro.

Nos enfrentamos a numerosos obstáculos: direcciones IP insuficientes, colapsos informáticos encadenados, saturación de la información, falta de interoperabilidad o lagunas en cuanto a seguridad y privacidad, sólo por mencionar algunas. Sin embargo, esto no ha detenido a países como Holanda, Japón y China en su cruzada por alcanzar el máximo estatus como representante de la industria del Internet de las Cosas. España tampoco se queda atrás: ya hay más de dos millones de líneas móviles asociadas a máquinas, especialmente a contadores y mecanismos de control y los servicios de e-Administración nacionales se sitúan entre los mejores del mundo.
 

El internet de las cosa ya está aquí, no es una quimera ni un prototipo o maqueta que enseñar en una feria, es algo real que ya está sucediendo. Sin embargo no es más que la punta de iceberg, tan solo hemos dado el primer paso de algo que puede resultar inverosímil en el futuro..., ¿Por qué no?, si el internet de las personas ha llegado a su máxima expresión con la explosión de las redes sociales, ¿Por qué no enfrentarse a un futuro en el que las maquinas, los dispositivos, las cosas, conformen igualmente "redes sociales"?.

Obviamente, el adjetivo social, solo puede aplicarse al ser humano, pero sin romper esa naturaleza propia e intrínseca de las personas, las cosas llegarán estar a tal nivel de interconexión y las redes que conformen serán de tal profundidad y complejidad, que es difícil prever que ventajas y facilidades nos depararán.

Imaginemos por un instante,  vehículos interconectados que proporcionan información de forma automática sobre tráfico, eventos en la carretera, e incluso datos para permitir al automovilista tomar decisiones en la conducción o conducir de manera desasistida, gracias a que todas las cosas, ya sean, señales de tráfico, guardarraíles, semáforos, la propia calzada, etcétera, podrán compartir datos en tiempo real, incluso información meteorológica que pueda resultar de interés para la conducción.

Extrapolemos esto a nuestra vida en cada interacción que tenemos con los equipos que nos rodean. Estos están intercambiando información en todo instante, en cada momento, sin descanso. Información que unas cosas usaran para su fin y otras para la toma de una decisión contenida en su programa informático. El mundo que se nos abre es realmente interesante y apasionado...

Volviendo al momento actual y al futuro más inmediato, no deberíamos dejar pasar las oportunidades que se abren desde el punto de vista de negocio para los operadores de telecomunicaciones, quienes angustiados por ver como sus ingresos por usuario bajan en un mercado cada vez más competitivo y depredador, necesitan encontrar nuevas fuentes de ingresos que compensen las caídas de los actuales servicios. Por lo que creemos que la solución está en las redes móviles de cuarta generación, que permiten velocidades de tráfico de datos de  vértigo combinado con el internet de las cosas.

Los nuevos suscriptores de estas redes no tendrán un nombre o un apellido, sino que simplemente serán identificados por su IMEI o por el de su tarjeta SIM. Además, estas redes estarán ocupadas con un tráfico constante, no sujeto a pautas horarias, ni a días de calendario como el de fin de año, sino que proporcionarán una ocupación del espectro constante y predecible. Cada dispositivo o suscripción aportara un in-greso por usuario bajo, pero multiplicado por un consumo constante y por cientos o miles de millones de dispositivos, romperán los paradigmas de mercado actuales. Dejaremos de hablar de números de líneas por habitante, y las previsiones de ingresos no estarán sujetas a los consumos medios esperados y a una penetración de mercado hipotética, sino que los ratios actuales utilizados en el negocio de las telecomunicaciones, cambiarán de forma sustancial y generarán una nueva realidad de mercado, el primero que llegue, alcanzará una posición de conocimiento y preparación más adecuada para afrontarla.

En definitiva, estamos ante una nueva realidad, en un futuro inmediato muy prometedor e interesante, en el que el ser humano ya no será el objeto primero de la comunicación, sino que las cosas ocuparán su lugar para facilitarle una vida más cómoda y llena de nuevas experiencias. El internet de las cosas, las redes sociales de las cosas, será la nueva revolución de las tecnologías de información y cambiaran nuestro mundo, al igual que el internet de las personas lo hizo.

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